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Visibilidad lésbica libre de roles y estereotipos

Me criaron entre barbies y peluches de bebes. El universo rosa, de los noviecitos, de la heterosexualidad. Quería escaparme, vestirme de negro, ponerme una gorra, confundirme.

Me atraían mis amiguitas, me quería cortar el pelo, me sentía incomprendida por mi familia, por mis compañerxs de escuela, por mis maestras, y no comprender me enojaba.

Cuando me corté el pelo en la escuela empezaron a rumorear que era lesbiana y por una vez el estereotipo social de torta me ayudó.  Por dentro, tomé todos los rumores como bandera porque en vez de incomodarme, esa tipificación me gustaba y por primera vez en mi vida me colocaba en un lugar que me daba comodidad.

Por suerte nunca sentí tener que salir de ningún closet. La forma en la que decidía vestirme y mostrarme hacía que el prejuicioso mundo no dudara de que era torta y en ese momento, para mí, cuanto más pareciera torta, mejor.

De igual forma, porque estoy y siempre estuve bastante llena de contradicciones, todavía no me animaba en ese momento a nombrarme. Yo sabía cómo me identificaba, odiaba que me dijeran bisexual y que no me leyeran lesbiana, pero no me nombraba. Debajo de toda esa imagen externa lésbica que había construido, todavía tenía miedo de encontrarme con mi identidad.

La primera vez que me nombre TORTA tenía diecinueve años. Una psicóloga me había dicho en una sesión que ella percibía que mi gusto por las mujeres era una “fase”.  ¿Una fase? ¿Cómo podía ser una fase si yo ya sabía que era lesbiana? Mi gusto por los hombres fue una fase.

Al año me puse de novia y mis viejes no pudieron seguir haciéndose les ciegues. Decidí no tener nunca ninguna charla con elles, ¿por qué si nadie confiesa su heterosexualidad yo tenía que confesar mi lesbianismo? Mi identidad, si es que todavía no se habían dado cuenta, les estalló en la cara con un beso en la mesa familiar. Igual, bastante bien se lo tomaron, dos años diciéndole amiga a mi novia e invisibilizándome en frente del resto de mi familia por respeto a mi “intimidad”. “Tiempo y paciencia” pedían, pero nosotres no tenemos tiempo y paciencia.

Este 7M levanto mi bandera tortillera y salgo a la calle por mí, pero sobre todo por Pepa Gaitán, muerta por lesbiana; por Mariana Gómez, condenada por besar; por Nicole Saavedra, muerta por lesbiana; por Higui, acusada por defenderse; por Marielle Franco, asesinada por negra, lesbiana, feminista y por muchas otras y por muches otres identificades como lesbiana victimas de la discriminación y la injusticia.

Para que no se nos invisibilice más, para que no se nos violente más, para que no se nos mate más, para que no se nos condene más.  Nuestrxs compañerxs tortas PRESENTES siempre. Nuestras sexualidades PRESENTES siempre. Nuestras autopercepciones PRESENTES siempre. NOSOTRAS NOSOTRES TORTAS PRESENTES.

Porque existimos, porque luchamos, porque garchamos, porque amamos, porque marchamos. Hoy y todos los días VISIBILIZACION LESBICA.

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