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Sea feliz, no joda a le prójime

El mes pasado se picó otra vez el debate alrededor del lenguaje inclusivo cuando las abogadas Cynthia Ginni y Patricia Paternesi presentaron un proyecto de ley que quiere desterrar el inclusivo de los tres poderes del Estado y del sistema educativo. Cuenta con una nota de adhesión del abogado Félix Lonigro, quien se desempeña como asesor en la comisión de Asuntos Constitucionales y brinda apoyo en el estudio de proyectos y legislación comparada, según consta en la lista de asesores del diputado por la Ciudad de Buenos Aires Pablo Gabriel Tonelli (PRO).

El proyecto busca erradicar “el uso en documentos y actos oficiales y en establecimientos educativos del comúnmente denominado ‘lenguaje inclusivo’ en cualquiera de sus formas (x, e, @, etcétera), empleado para reemplazar el uso del masculino cuando es utilizado en un sentido genérico, así como de cualquier otra forma diferente a la lengua oficial adoptada por la República Argentina«.

El argumento principal, entre otros, es que están “buscando impedir las alteraciones gramaticales y fonéticas que desnaturalizan el lenguaje”, como si el lenguaje no fuese un constructo social, en un tiempo determinado. Las palabras, en cualquier idioma, existen si van unidas a una idea. Por lo tanto, todo discurso tiene una carga ideológica indisoluble al hablante de una época. “El lenguaje es un fenómeno”, dice Saussure, y agrega que es “el ejercicio de una facultad” que solo lxs humanxs tienen. Por esto, “la lengua es el conjunto de formas concordantes que toma este fenómeno en una colectividad de individuos y en una época determinada”. Si el lenguaje inclusivo “desnaturaliza” el lenguaje, también lo habrían hecho el cambio de la efe de fermosura por la hache, el voseo, las distintas variantes del castellano en toda Latinoamérica; el mismo castellano sería una desnaturalización del latín y el latín una desnaturalización de una lengua indoeuropea.

El proyecto de las abogadas tiene un antecedente en la Cámara baja firmado por lxs diputadxs Jorge Ricardo Enríquez, Alfredo Schiavoni, Francisco Sánchez, Pablo Torello, Julio Enrique Sahad, Hector Stefani, Maria Carla Piccolomini, Juan Aicega y Alberto Asseff. 

Además del delirio místico de la pureza del lenguaje, como si fuese una regla divina y no fuese usado, reutilizado y reinventado por infinidad de hablantes, estos proyectos represivos y protectores de un statu quo de desigualdad entre géneros, de segregación y exclusión, se ponen la gorra desde el vamos con un «Prohíbase”.

Haciéndole el aguante al inclusivo

Como contrapartida, en la página web de la Cámara de Diputados, se pueden encontrar otros proyectos para la utilización de un lenguaje no sexista en la redacción de toda documentación oficial. Entre sus argumentos, indican que el lenguaje sexista representa de manera fehaciente lo que sucede en la sociedad. La imposición del masculino como genérico habla a viva voz de las reglas segregadoras del sistema patriarcal que desmerece el rol de la mujer en la sociedad. Y ni hablar del silencio total al que el lenguaje relega a las disidencias.

Además, el uso de un lenguaje no sexista, ya sea mediante la e, la x, la @ o la reduplicación, cuenta con el aval de resoluciones preexistentes que sostienen la equidad, basada en los derechos humanos. Desde el artículo 16 de la Constitución Nacional o la Ley 26.485 en sus artículos 2 y 7 que hablan de igualdad y eliminación de las formas discriminatorias hasta las resoluciones de la UNESCO que aconsejan evitar el lenguaje sexista. Y, sin duda, la Ley de Identidad de Género.

Por otro lado, ya son muchas las Universidades del país que habilitaron su uso en producciones orales y escritas. Desde 2017, la Universidad Nacional de Río Negro tiene un estatuto no sexista y desde 2019 lo aprobaron la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, la Universidad de Mar del Plata, la Universidad Nacional de Córdoba, la Universidad Nacional de Rosario y Universidad Nacional de San Martín. Y, la Universidad de Santa Cruz lo hizo en enero de 2020.

En las Facultades de Sociales y Filosofía y Letras de la UBA su utilización se admite y se reconoce como válida, sin ser obligatoria, en trabajos monográficos, tesinas y tesis. Mediante una resolución, la Facultad de Sociales “apunta a garantizar un marco de hospitalidad para quienes apuesten por prácticas de escritura que intenten dar visibilidad y generar una comunicación inclusiva del colectivo de mujeres, de las disidencias sexuales y de toda otra identidad invisibilizada o minorizada por el discurso corriente. Para ello se reconoce el uso opcional del lenguaje inclusivo en cualquiera de sus modalidades como un recurso válido, no obligatorio”. Además, para sostener y propiciar su práctica de manera correcta y respetuosa, la Facultad acerca un recursero con distintos manuales de lenguaje no sexista.

No tengas miedo, no

La resistencia muchas veces se desprende del desconocimiento ya que se considera que la intención es que su uso sea obligatorio. No obstante, su empleo y recomendación no impone un cambio gramatical sino que propone buscar alternativas al masculino genérico y propiciar la paridad.

«El lenguaje inclusivo es el rasgo más visible que rodea la lucha por la igualdad”, explica Santiago Kalinowski, lingüista, lexicógrafo y director de la Academia Argentina de Letras. “Este tipo de lenguaje tiene un fuerte componente político, es por eso que la persona que decide usarlo se está pronunciando políticamente«. Y, por ende, el que insiste con la prohibición del inclusivo también lo está haciendo, y como el lenguaje inclusivo es una búsqueda social, una lucha ideológica, prohibirlo implica rotundamente una persecución política. Corta la bocha.

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