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RESPIRAR HONDO Y REPARAR

“-Respecto de los 8 abortos ¿vos tenías poder de decisión en eso?”

“-No. No sé cómo decirlo… Vos le ponías el preservativo, pero si el cliente te ponía en cuatro vos no sabías si se lo había sacado”

Este martes comenzó en Tucumán el sexto juicio oral y público por trata de personas.

Una víctima relató cómo fue su vida bajo la explotación sexual a la que la sometía Luis Gambandé. La testigo cuenta que llegó a buscarla del Centro de Salud, dónde ella estaba con oxígeno por una neumonía, porque no tenía «chicas». Le sacó el oxígeno y le puso un pañuelo al cuello para disimular y llevársela.

«Yo tomé ese gesto de ponerme el pañuelo como una actitud de protección. Yo me sentía especial. Fue difícil cuando lo detuvieron. Me fui dando cuenta que yo era un gran negocio para él y que ese amor paternal era de mucha perversidad y explotación», relata la víctima. Lo sucedido en el juicio lo publica Mariana Romero, periodista y testigo del momento.

«Antes de que nos allanen, nos avisaban. Luis desmantelaba todo, sacaba el caño, nos hacía hablar con su abogado para ver qué íbamos a decir, la Policía siempre estuvo arreglada».

Antes de prostituirla, Gambandé le pagaba 5 pesos por semana para que bailará en el boliche Gel con desnudo total y en fiestas donde lo contrataban. Después se mudó a otro local que terminó siendo prostíbulo.

«Empieza a contratar menores de edad y yo les tenía que enseñar a bailar. Tenían 13, 14 años. Yo vivía ahí», cuenta sobre sus primeros años, ella lo conoció a los 16.

Gambandé, según el relato de la testigo, pagaba favores a empresarios y políticos con las chicas. «A veces nos decía ‘esto ya está pagado’ y lo que estaba pagado era nuestro 25%».

«La higiene era buena, pero pasaban 8 a 10 clientes por noche, no se podía limpiar entre uno y otro. A los preservativos los pagamos nosotras», relata la testigo, y cuenta cómo fue su primera vez como prostituta. Ya trabajaba en un poker, cuando su mamá se enferma y ella tiene que conseguir plata para la operación, se la presta el «Mono» Ángel Ale (hoy condenado).

Gambandé, relata ella, le da la plata para que le devuelva al Mono (era usurero, explotador sexual y extorsionador, según determinó la Justicia Federal). Pero le pide a cambio que «salga» con un hombre de más de 40 años. Ella tenía menos de 20.

«Yo sentía que era la novia. Hasta que él dejó de pagarle».

Luego, llegaron amigos del hijo de Gambandé. Uno de ellos le pagó para ir a tomar algo con ella. El sexo fue forzado, «porque él había pagado por eso».

La declaración de la testigo continúa. Está bajo identidad protegida, se escucha su voz, pero no sé ve su cara en la pantalla. Él sabe quién es.

Luis Roberto Gambandé está acusado de haberse dedicado a captar y reclutar mujeres desde marzo de 2021 con la finalidad de explotarlas sexualmente. Desarrolló esta actividad delictiva de manera organizada y continua en una casa en las calles San Juan y José Colombres hasta el 17 de mayo de 2013, fecha en que se produjo el allanamiento en el prostíbulo que funcionaba bajo su órbita.

Luis Gambandé

La Fundación María de los Ángeles, presidida por Susana Trimarco, lleva adelante la querella de la causa, que se inició con el allanamiento realizado en el prostíbulo en 2013.

Cinco mujeres fueron identificadas como víctimas del acusado, estas jóvenes tenían hijos o familiares a su cargo, situación que habría sido aprovechada por el acusado para ofrecerles trabajos precarios y así reclutarlas para el ejercicio de la prostitución.

El procesado captaba a sus víctimas a través de engaños y, una vez que las convencía de ejercer la prostitución, les proveía un nombre de fantasía, ropa erótica para utilizar con los prostituyentes y les tomaban una serie de fotografías que eran utilizadas para publicitarlas por internet y en algunos medios gráficos.

Las ventanas del inmueble donde funcionaba el prostíbulo estaban selladas o cerradas con candado para limitar el contacto de las jóvenes con el exterior.

Ayer, esa mujer relató una injusticia colectiva que perpetra en cada parte del cuerpo con todo el peso de la individualidad. Es deber de la justicia y de todos recordar, reparar, escuchar y prevenir.

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