PERDON MAMA

Perdón mamá

-Perdón mamá-, le dice la piba a su vieja cuando la policía la saca en silla de ruedas del local a donde había ido a una entrevista de trabajo. El dueño del local, Irineo Humberto Garzón, la engañó con una propuesta laboral, la drogó y la violó. -Perdón mamá- le dice apenas la ve. -Perdón mamá-, y me quedan sus palabras dando vueltas en la cabeza.
-Perdón mamá- y me cae la ficha.

Fue un domingo de asado. Estábamos en el patio, ya habíamos almorzado. Estábamos jugando un juego de mesa, tipo Pictionary pero versión criolla. Mi familia se reía, competía, había sido un lindo día. Yo también jugaba pero esa cotidianidad la encontraba lejana. Alguien gana el juego, no me acuerdo quién. Se empiezan a levantar. Me aprieta el nudo en la garganta, el vacío en la panza, los ojos húmedos.

-Esperen-, les digo. Se me quiebra la voz. Me miran, se quedan quietxs. Se preocupan. Mi papá atina a levantarse. -Quedate ahí por favor-, pido. No entiende pero se queda sentado. Se me atragantan las palabras, se me inundan los ojos. Mis hermanas me agarran fuerte de las manos. Las aprieto. Todxs me miran. Yo miro al vacío, trago, respiro y lo digo.

-Cuando era chica mi primo abusó de mí-, digo y siento como la bomba cae en la mesa familiar. Relato qué pasó, cuándo, cómo. Me ahorro los detalles del qué me hizo, pero no del dolor, de las fechas, de los lugares donde sucedió.

Y la miró a mi mamá: -Perdón mamá-, le digo yo también. -Perdoname mami-. Mi vieja está
tiesa en la silla, la mandíbula apretada, los ojos furiosos, los puños cerrados. -Perdón ma. Ella me mira y habla: -¡Ese hijo de puta! ¡¿Con mi hija?!-. Me desarmo.

-Perdón mamá- le dice la piba cuando la cana la saca del local donde la acaban de violar. -Perdón mamá-, le dije a la mía 25 años después de que su sobrino abusó de mí. Ellos nos violan y nosotras pedimos perdón. Ellos nos violan y a nosotras nos duele el cuerpo. Ellos nos violan y a nosotras nos pesa la culpa, ¡y cómo nos pesa! Ellos nos violan y nosotras vivimos en la oscuridad, en la vergüenza. Ellos nos violan y, ellos, duermen tranquilos.

-Perdón mamá-. Perdón por hacerte mal. Perdón por lo que me pasó. Perdón porque me pasó a mí. Perdón por hacerte sentir que no me cuidaste. -Perdón mamá- la escucho y me escucho. Qué perverso que es. -Perdón mamá- Y ellos niegan, no se acuerdan, no lo hicieron y, si lo hicieron, fue porque lo pedimos. No hay culpa, no hay responsabilidad.

-Perdón mamá-, le dije la tarde de ese domingo de asado donde salí de la oscuridad del abuso. Y la ecuación empezó a cambiar. -Perdón mamá. Me abusó mamá. Me duele mamá. Sosteneme mamá. Abrazame mamá. No fue mi culpa mamá-. Ya no me ahogo. Lo digo en voz alta, el secreto se rompe. -No fue mi culpa mamá-. No pido perdón, afirmo. -No fue mi culpa mamá- Me abrazan. Salgo de la oscuridad y le toca entrar a él. -No fue mi culpa mamá- ya no es disculpa, ya no es justificación. Afirmo: -No fue mi culpa mamá-.

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