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Padre ausente = reparación económica

En los últimos días se conoció la noticia de un fallo judicial que determinó que un padre que no había reconocido a su hija deberá indemnizar tanto a la madre como a la niña, no sólo por los años en los que no aportó económicamente para la manutención de su hija, sino también por no haber compartido los cuidados y las tareas necesarias para su crianza. El fallo adoptado por un juez de primera instancia fue apelado por el progenitor, pero confirmado luego por la Cámara.

Tradicionalmente el derecho argentino desestimaba el reclamo de daños y perjuicios de la madre por el no reconocimiento de les hijes, sobre todo del daño moral, que es el que tiene que ver con la afección de los sentimientos, la dignidad, los derechos personalísimos, porque en rigor, la madre no se entendía como una damnificada directa, limitando la consideración del daño a les hijes. En los últimos años se ha ido fallando con perspectiva de género y entonces se ha entendido que quien cría en soledad también es damnificade en forma directa, no sólo por el daño patrimonial, sino también desde una perspectiva moral al tener que asumir en soledad la crianza. 

Se habla de que se trata de un fallo “con perspectiva de género”, pero ¿qué significa eso exactamente? Que empieza a existir un reconocimiento sobre las desigualdades sociales por motivos de género que pesan diferenciadamente a la hora de cumplir las responsabilidades para unes y para otres. Que el abandono de une hije le produce un daño directo pero también a la persona que queda sosteniendo en soledad esa crianza.

La sentencia señala que “No puede ignorarse que el desconocimiento del demandado de sus obligaciones parentales de contribuir a la formación, el cuidado y la educación de su hija, obligó a la actora a asumir sola cuidados que la ley y la naturaleza imponen compartir, circunstancias -todas ellas- que han generado un exceso de tareas, tensiones, angustia, dolor y afectación en su honor y que configuran el deber de resarcir a la actora como víctima directa, necesaria e inmediata del perjuicio producido por su conducta”. Y reconoce así una realidad que es palpable por fuera de cualquier tribunal: que en Argentina el 84% de las familias mal llamadas monoparentales, son en realidad monomarentales, es decir que están sostenidos exclusivamente por mujeres.

El origen de esa desigualdad es bien conocido: la división sexual del trabajo, los roles y estereotipos de género, las teorías biologicistas que sitúan a las personas gestantes como únicas responsables naturales de las tareas de cuidado, en fin, el patriarcado. Sus consecuencias son más complejas y difíciles de medir, sobre todo en lo concerniente a los daños morales y psicológicos, pero sabemos que recortan sus trayectorias académicas, laborales, profesionales, les quitan libertad en el uso de su tiempo, las condenan a trabajos peor calificados y remunerados.

Por eso este tipo de fallos marca el camino para que tantos otros procesos judiciales adopten una perspectiva que es indispensable para que realmente, en cada caso y para todes, sea justicia.

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