orgatrans

Orga. Graduades Trans*

Nací en 1969, poco antes de la llegada “del hombre” a la luna, poco antes de las revueltas de Stonewall, lo que da 51 años y medio. Puede decirse que soy una persona mayor.

En mi DNI, y en mi partida de nacimiento figura “sonia”. Nombre que siempre me pareció horrendo y anticuado, hasta que jugando con las letras lo escribí en espejo y encontré “ainos”, y todo junto en trencito “soniainosoniainos blablabla”. Y ahí empezó a gustarme un poco, ser y no ser, afirmación y negación, el espejo que muestra lo contrario en vez de mostrar lo mismo. Me gusta mucho esta anécdota, pero hace muchísimos años dejé de ser, de estar, de transcurrir “sonia”, también dejé de ser, de estar, de transcurrir “no sonia”.

Hoy ni soy, ni no soy y ni siquiera un poco de cada cosa. Me llamo y me hago llamar coco, pasé por sonqui y por sonix antes de llegar a este, por ahora, buen puerto. coco todo en minúsculas, tortranstravagordix femininju… inbinarie por si la cosa no resultara lo suficientemente larga.

Llego a este hermoso espaciotiempo casi como paracaidista, a partir de la invitación de Marcos. Pienso que es un honor que no merezco, un gesto de amor tal vez desmedido. Pero sé muy bien que tanto “honor” como “méritos” son vocablos del cis heterror patriarcado, del capitalismo, anclajes que deploro. Y sé muy bien que el amor y la desmesura, igual que el errorismo, me caben mucho más dentro del coco.

Con Marcos nos cruzamos de puro O.G.T, o no tanto. Pao Raffetta, vaya a saber por qué magia, nos sumó a un wasap Orga. Graduades Trans*. Aún no tengo claro si es “organización” o es “orgasmización”, por eso prefiero “orga” a secas. Un O.G.T. que aún está en pañales, podría decirse, y desde donde intentaremos luchar y conseguir puestos laborales trans* como docentes, nodocentes, graduades, estudiantes de eso que tan malamente suele llamarse “educación superior”. Estamos también en otros tejes, como la campaña exigiendo al Estado que emita de una buena vez DNIs no binarios a quien lo solicite y, por qué no, a todo el mundo. ¿acaso es necesaria esa marca en nuestras identificaciones formales?

Ya les dije que catalogo como persona mayor. Hace muchísimos años, casi empezando a construir mi primer lesbiandad, leí la frase “las lesbianas no son mujeres”. Me costó mucho entenderla, porque mi pensamiento, muy colonizado, era profundamente binario. Me costó, pero finalmente pude entenderla, primero pensando “lesbiandad” como un serestar fuera del mundo corriente que seguía pareciéndome binario y más tarde como parte de un continuum de vaya a saber qué cosas. Hoy, no sé qué decir respecto a cualquier etiqueta. De lesbiana a tortranstravagordix femininju hay un largo camino… ¡la ventaja de llevar vividos más de 50 años!, nunca sentí comodidad en ningún tipo de feminidad, alguna vez sentí admiración, envidia por lo masculino (mi coco todavía era binario), pero pasó hace mucho tiempo. Ni las feminidades, ni las masculinidades, ni las menosculinidades construidas o deconstruidas me dicen nada de mí, pero admito que todavía polarizan un poco la forma en que percibo al mundo.

Es para mí hermoso estar aquí, sur-siendo, trans*-formando, tejiendo, anudando, rizomando.

De los lejanos tiempos en que intentaba verme y que me vieran como torta exquisita, me quedó la compulsión por hablar ampulosamente. No me gusta ni pedir disculpas ni dar las gracias en público, así que me abstengo. Así que pomposamente celebro este encuentro y no veo el minuto de meter mano, teclado mediante, a esta invitación a una escritura transfeminista, conurbane, colectiva.

Este texto surge de la MARATÓN DE ESCRITURA TRANSFEMINISTA, 21/11/2020

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