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Ningún pibe nace machista

Educación sexual, integral e interdisciplinaria para transmutar la sociedad

El patriarcado es un orden social, un sistema de creencias que marca las relaciones de poder entre las personas y que establece que el liderazgo está en manos del hombre. Para convencernos de que el orden debe ser así se instala la idea de que es natural, que está en nuestra biología o en una esencia que nace con nosotros. Pero, al revisar la historia o distintas culturas humanas, comprendemos que diferentes grupos tienen otras matrices simbólicas, valores, creencias e ideologías.

Este sistema patriarcal le resulta “cómodo” al hombre porque establece su superioridad, no solo física sino también intelectual, y tal vez también a las mujeres que se encuentran alienadas por sus privilegios que le hacen creer que no debe luchar por ninguna igualdad ya que tuvo las oportunidades para acceder a ciertos beneficios.

Sin embargo, esa comodidad es la del faquir sobre su cama de clavos. Para justificar la desvalorización de la mujer, el patriarcado establece un conjunto de prácticas, discursos y costumbres: el machismo. Crear la figura del macho no solamente somete a la mujer, que es considerada inferior, sino también al hombre que para adherir a esa construcción debe cumplir determinados mandatos: ser proveedor, protector, procreador y, además, ser autosuficiente. Además, entre machos, la socialización se da a través de la violencia. “¿Viste cómo son los chicos? Se cagan a piñas y después son amigos”, “Los nenes no lloran”, “No seas maricón”, “Los nenes son brutos por naturaleza”. Esos valores, comportamientos, discursos, propios del machismo, son replicados en cada institución creada por la sociedad: la familia, la escuela, incluidos los establecimientos políticos o jurídicos.

Para comprender estos mecanismos, analizarlos y transformarlos, entre los cinco ejes que abarca la Educación Sexual Integral se incluyen el respeto por la diversidad y la valoración de la afectividad y el buen trato. Esto quiere decir que la E.S.I. contempla todos los aspectos que atraviesan la sexualidad de las personas, eso incluye los roles de género, las identidades, las relaciones interpersonales, los deseos, las emociones e incluso sus valores y actitudes.

Por eso, no es comprensible por qué todavía hay tanta resistencia a su implementación completa cuando se trata evidentemente de formar en la equidad, en el respeto por las diversidades y por derechos que corresponden a todos.

La ley 26150 fue sancionada en el Congreso el 4 de octubre de 2006 y promulgada el 23 del mismo mes. A punto de cumplir quince años, con una implementación sin presupuesto o una endeble formación del cuerpo docente, e incluso enfrentando el fundamentalismo del “Con mis hijos no se metan”, la ley de Educación Sexual Integral es la aliada indispensable para evitar la violencia en las relaciones interpersonales y para garantizar una sociedad justa, libre, que valore positivamente el respeto y el afecto.

La educación debe acompañar, debe garantizar los derechos de las niñeces y adolescentes y no puede ni debe permanecer callada.  Basta de pedagogía del silencio.

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