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La lucha es por la vida

Los arroyos dividen los barrios. Son cuatro: 20 de julio, San Martín, La Lucha y La Unión. La intersección de los tres primeros barrios se le dice “la T”, y fue allí donde se realizó el Encuentro Regional de zona sur de Mujeres, Lesbianas, Trans, Travestis, Asexuales, Bisexuales y No Binaries.

El sol primaveral fue propicio. Semanas atrás una fuerte lluvia inundó los terrenos y sin dudas hubiera dificultado la realización del encuentro. Marcela, una vecina del barrio San Martín, está desde el principio viviendo en su casita de madera, con su marido, sus dos hijas y su nieta. Por las lluvias, construyeron una plataforma y arriba pusieron la casa con techo tipo a dos aguas. Es todo lo que tienen. No pueden seguir construyendo porque no saben si los van a desalojar y van a perder todo. “Con el tema de los alquileres estaba todo complicado, imposible pagarlo. Yo no tengo trabajo y mi marido trabajaba haciendo changas en un country, y por la pandemia decidieron los jefes despedirlo porque la gente de adentro no quería a nadie”, relata.

Se acerca el verano y hay preocupación por la orden de desalojo. Según cuenta Marcela, de a poco van dándole forma al barrio. Con palos y cables de teléfono hicieron un tendido de luz eléctrica. Una vecina con heladera puso un kiosquito con elementos que considera más importantes, o rentables: vino, cerveza, cigarrillo, whisky, galletitas, manaos, soda y pan. Ramona construyó el rancho junto a su marido, y desde el primer día están firmes con sus dos hijos. Cuenta que el agua la traen en bidones con el changuito, pero a pesar de estos esfuerzos cotidianos, Ramona, de 25 años, está feliz de tener su espacio. No podía pagar más el alquiler de donde estaban viviendo, y ahora están luchando para que frenen el desalojo. Durante el encuentro, Ramona y su familia brindaron el baño y agua caliente para el mate (individual) de forma gratuita.

Sole es integrante de la consejería Panambi y está colaborando en Guernica con las ollas populares y apoyando a sus compañeras que están recuperando tierras, y que pusieron en marcha la consejería de género en el barrio. “Nosotras vemos la defensa del territorio, de la tierra y del cuerpo como los primeros territorios en disputa ante el patriarcado, entonces venimos acá a acercarnos para hacer ollas populares y después empezaron a hacerse asambleas feministas, donde se acercaron vecinas a plantear situaciones de violencia y a partir de eso se fueron generando momentos de organización donde después se propuso la idea de que en el marco del encuentro regional de MLTTABNB+ se hiciera acá en la toma estas actividades y se armaron talleres que salieron de las necesidades que veían las compañeras, las mismas vecinas”. Se realizaron talleres de justicia y cuidados colectivos, gráfica, primeros auxilios, vínculos afectivos, feminización de la pobreza, educación sexual integral, acceso a ile y autodefensa femininja.

Las estrellas se quintiplican, la oscuridad se profundiza, los miedos acechan. Camila, una de las delegadas del barrio 20 de julio, denuncia que la policía federal patrulla durante la madruga a baja altura y con una fuerte luz, para filmar y para amedrentar. Hace tres meses cientos de familias decidieron ocupar un pedazo de tierra y resistir en el lugar a pesar de las condiciones en las que se encuentran, sin agua, con conexiones precarias de luz, sin baño ni ducha, sin mesa. Pero antes de seguir enumerando los “sin”, más bien vale decir que las mujeres con las que Revirades conversó se mostraron más bien felices de tener su propio espacio. «La mayoría son mujeres y hay que pensar en una política diferente de cómo queremos vivir. Hay mucha juventud, muchxs compas varones y mujeres que son pibes de distintos contextos que vienen de la calle, que laburan en la calle y están acá también sobreviviendo. La juventud y su fuerza lleva a que estemos en una nueva era y haya otra conciencia», opina Camila.

Cada manzana tiene su delegadx, cada barrio su asamblea y a la vez hay una asamblea con todxs lxs delegadxs. Cada barrio tiene entre 10 y 20 delegadxs. Sole destaca el proceso de organización que se está generando: “Respetamos las decisiones que se van tomando en asambleas. Nos parece re importante respetar esa orgánica, esos procesos de organización, respetar los tiempos, el desarrollo, porque son las organizaciones populares las que se acercaron acá a bancar esta toma de tierras. Si bien fue una toma espontánea donde la gente se vino a instalar por una cuestión de necesidad, porque es una necesidad tener vivienda, tener una tierra; todo ese proceso de organización que es a través de asambleas nos parece imprescindible a la hora de realizar cualquier actividad y acompañamiento”, destaca.

Además de ser delegada, Camila es integrante de la consejería Panambi y organizaron una comisión de género donde acompañan casos de violencia de género. Están decididas a construir otro barrio, con otras prioridades, donde haya más comunidad y las infancias sean lo primordial. «Queremos construir barrios populares y libres de violencia, eso es muy importante para la reivindicación de lo que queremos y lo que sentimos como cuerpo-territorio. Hay espacios que se contemplan y se quieren llevar a cabo en relación a las niñeces, al acompañamiento de las madres y los hijes, las voces de les vecines, es muy importante para generar esa construcción porque esto es todo cimiento», afirma.

Dulce es estudiante de danza y se sumó voluntariamente con una organización para realizar encuentros de movimiento corporal. “Les niñes tienen el derecho a tener un lugar donde vivir, no podemos seguir permitiendo que les pibes estén en la calle. Acá la gente es super comunitaria, cooperativa, se ayuda una a la otra, y me parece muy injusto que corran noticias diciendo mierda de la gente de la toma, porque no es así. Venís a dar una mano y la gente te abre las puertas, y si necesitas un espacio, la gente está dispuesta a dártelo”.

El papel crep de colores que adorna el predio, deslumbra entre tanta tierra. Al calor de la hora de la siesta, el guiso termina de cocinarse en las ollas. Pacientemente, las participantes del encuentro se acercan por su bandejita. “En el barrio tenemos un grupo de whatsapp donde nos avisan que está la comida -¡ya está la comida!, dice- entonces todos vamos con un tapercito o algo a buscarla”, cuenta Marcela. Se refiere a la vecina que cocina todos los días para que no le falte el plato a nadie, y entre lxs vecinxs aportan los insumos, cada cual con lo que puede. Marcela no llegó a la olla ese día, asi que se acercó a la del encuentro, donde de paso las nenas se sumaron a los juegos.

“Tierra para Vivir, Feminismos para Habitar” es la consiga que representa la lucha de las mujeres y disidencias por la recuperación de las tierras de Guernica, como ellxs mismas definen. Están en plena formación y toma de decisión, cimentando las bases de lo que será, quizá, el barrio donde va a envejecer con su familia, del cual tendrán anécdotas e historias de lucha que contar a sus nietxs. Ahora plantan árboles para tener sombra, hacen el zanjeo para evitar las inundaciones, hacen el tendido eléctrico, juntan leña para cocinar, y empiezan a pensar dónde van a ir las plazas, la salita, la escuelita. 

Hay en Guernica una necesidad de pensar comunitariamente cómo vivir y cómo criar, nuevas formas de resolver la vida de muches, teniendo en cuenta principalmente las necesidades y problemáticas de muchas mujeres que piensan en un futuro para las infancias. 

La lucha es por la vida y el derecho a la tierra.

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