el cuarto de Lucia

LOS OJOS DE LUCÍA

Este domingo acompañamos la muestra “El cuarto de Lucía” en el Complejo Histórico Cultural Manzana de las Luces. En la exposición se ve una pieza, la cama de una plaza con su acolchado azul, los atrapa sueños de lucia sobre la misma, un rosario colgado en una punta acompañado por un librito “Luz para Hoy, nuevo testamento del lenguaje actual”, se ve su perfume de 47 Street y sus fotos. 

Posando con la remera de Viejas Locas y del Indio, sus dibujos, sus pinturas, sus zapatillas impecables. Se ve, también, un juicio reflejado en la pared y un grito exigiendo justicia que le sigue. Se ve y se siente en el aire las ganas de arruinar todo y volver a empezar.

Fuera del cuarto se ve la vida, se siente frío, comienza a posarse una niebla que nos envuelve la vista, pero no nos deja olvidar. La mamá de Lucía, Marta Montero, se acerca y abraza. Se asoma como una tormenta cálida y segura que juega a tener otra opción. Marta te agarra la mano y te dice que sos su “chiquita”, te dice que te quiere y que “vamos a seguir”.

Se posan, uno a uno los testigos del paso del tiempo y nombran la causa en la que se enciende su lucha. Cristina Castro, mamá de Facundo Astudillo, se pone junto a la familia Pérez y toma la palabra. Acompaña, desde quien exige con similitudes justicia y dignidad. Se posicionan, uno al lado del otro, los familiares y cariños de quienes fueron desaparecidos de este plano tan cotidiano y general. Aplaudimos, expectantes, emocionados y calados por la noción de saber que actuar se actúa ahora y que algún día tiene que alcanzar.

En la pared del cuarto de Lucía hay dibujos, hay canciones, hay una frase resiliente que, jugando a no ser recuerdo, se terminó por inmortalizar: 

“Algunas cosas hoy me salieron al revés y nadie me pudo ayudar,

me boxeo con la vida otra vez, ella me trata de noquear

de nada sirve que vos te reventes

cuando algo no te salga bien

tomate un tiempo y pensa con claridad

porque la solución está en vos”

Los ojos cansados no compiten con la fuerza. No son contraproducentes el dolor y la alegría que “siempre buscan con rigor lograrnos quitar”, según advirtió Susy Shock envuelta en poemas y cantos, pidiendo por Tehuel y porque podamos dejar sola a la soledad.

Los ojos de Lucia son bandera, son consigna, son la piel erizada de quien sueña con que sirva acompañar. Son el faro de unos padres y un hermano que este domingo, día de las infancias, se quitaron la mochila y la volvieron banquito para que, desde ese impulso tan logrado en la lucha, mañana, a quien sea, no le cueste tanto o se anime más.

Es la admiración y el respeto, es la lucha y militancia, es un torbellino de lágrimas y risas las que se mezclan en una consigna suplicando que a Lucía nunca más. Que Lucías nunca más.

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