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LA RESPONSABILIDAD DEL LEGADO

Micaela García nació un 9 de agosto de 1995, estudiaba Educación Física y era militante del Movimiento Evita. Campeona de gimnasia aeróbica recreativa, todos los fines de semana trabajaba en los barrios pobres de Concepción.

Mientras escribía en su libreta canciones para las marchas con La Pollera Amarilla de fondo, Micaela “pintaba casas, clavaba postes y hasta se animaba a hacer un pastón cuando se necesitaba. Lo que fuera por mejorar la vida de esos nenes y nenas que todavía preguntan por ella”, cuenta una periodista en sus redes que pudo hablar con el papá.

Micaela desapareció el 1 de abril de 2017 tras salir de un boliche en Gualeguay y su cuerpo fue hallado una semana después, semienterrado, cerca de la ruta nacional 12. Había sido violada y estrangulada el mismo día en que desapareció. 

Por su femicidio fue condenado a perpetua Sebastián Wagner, quien ya tenía dos condenas por abuso sexual cuando la atacó. Un tipo que no debería haber estado suelto, pero al que el juez Carlos Rossi liberó. 

Rossi desoyó los informes periciales que desaconsejaban la liberación de Wagner, no reconoció los delitos previos. El juez tuvo 8 pedidos de juicio político y un jury, como el fiscal no acusó, hoy sigue en su cargo. 

Cuando los padres dicen que «Mica sigue militando los barrios en cada joven, sigue marcando un rumbo, sigue haciendo una sociedad mejor», la posta se pasa. La responsabilidad es nuestra. Cuando una militante muere, cuando unas convicciones pasan, quienes quedamos con el cuerpo somos responsables de la historia que, inevitablemente, se sigue escribiendo.

Micaela dejó de ser un recuerdo para volverse cicatriz, para recordarnos que el compromiso cotidiano implica erizarnos la piel, indignarnos y seguir. Para entender que, muchas veces, sin el dolor no se puede, pero quedarnos en el dolor no alcanza.

Hoy es una ley (la 27.499) que no se cumple plenamente y distingue entre jueces, juezas, funcionarios políticos y todos los demás.

Micaela es 160 comedores y 200 murales. Su nombre se volvió bandera de lucha, se volvió instancia de reparación, se volvió política. Micaela soñaba con la utopía de la militancia y militaba por sus sueños.Sus papás recuerdan sus frases, levantan sus banderas, revuelve entre sus cosas en intentan distinguir ese orgullo entre tanto dolor. A Micaela nos debemos todos, a su vida, su militancia, y todo su legado: “Hay que levantarse compañerxs, hay que seguir luchando».

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