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La lucha no se calla, porque ya está en las calles

Una vez más el grito por el aborto legal, seguro y gratuito irrumpe este 28 de septiembre. En una sociedad que siempre acostumbra a deslegitimar los reclamos para poder conservar sus mandatos y lugares de poder, resulta indispensable levantar nuestras voces hermanadas.

Escuchamos en este tiempo de emergencia sanitaria, muchas expresiones y opiniones que acusan de “falta de libertad” a las medidas de prevención, que niegan la realidad epidemiológica, que desconocen el esfuerzo del sector de la salud pública. Pareciera que a cierto sector de la sociedad le interesa negar compulsivamente el derecho a la salud dentro de una pandemia, y justamente, son quienes también opinan y niegan el derecho al aborto. ¿Será que sus manifestaciones siempre giran en torno a sus propios deseos? ¿Por qué no aceptan el derecho de decidir de mujeres y disidencias? ¿Por qué no reconocen los relatos de tantas compañeras que cuentan las dificultades que enfrentan con el sistema de salud público? En plena pandemia sí se dan el lujo de cuestionarlo, criticarlo y levantar la voz para exigir que nadie ocupe su lugar si llegasen a necesitar atención.

¿Qué es lo que ocurre entonces? ¿Hay libertades de privilegio? ¿Hay demandas de primer nivel y otras que no se aceptan? ¿Hay un sistema de salud disponible para todes?

Durante la pandemia las necesidades aumentaron, y las redes de solidaridad también. Hemos conocido estadísticas de femicidios que espantan, asustan, indignan y angustian. Porque mientras algunes se dirimen en cuestiones de libertades para ir a tomar su cafecito, muchas de nosotras pasamos contando las horas dentro del propio calvario, conviviendo con agresores, soportando abusos, agresiones, presiones y sobrecarga de tareas. Y lo único que siempre está allí, es la escucha y contención de quienes sí queremos ver más allá de nuestro propio deseo.

No se trata de cuestionar las decisiones, sino de brindar herramientas de educación, de salud y de dignidad. Tener al alcance la posibilidad de conocer y decidir, y llegada la necesidad  de  practicarse un aborto, esperamos sea realizado con la misma seguridad y cuidados en cualquier lugar del mundo, contando con el acompañamiento necesario. Fuera de cualquier sanción o estigmatización, respetando nuestros cuerpos y deseos.

Suena extraño pensar que quienes proclaman el “derecho a la vida”, no asuman los riesgos de salud que atravesamos las mujeres en ocasión de prácticas de aborto clandestino. Evidentemente prefieren que asumamos el riesgo, que permanezcamos en la clandestinidad del deseo, que siga censurada nuestra libertad, que se nos juzgue y se nos señale.

Estos últimos meses ha quedado en evidencia la necesidad de un sistema de salud público integral, actualizado, capaz de responder a las necesidades reales, las esperables y las imprevistas. Es urgente hacernos cargo de este derecho, ampliar cuidados y destinar recursos. Empezando por la ESI, que sigue siendo una asignatura a mitad de camino, porque no se ha destinado el presupuesto, porque sigue habiendo rechazos de sectores anti derechos, porque falta capacitación y porque sabemos que es hoy la herramienta fundamental para derribar al patriarcado y sus mandatos opresores.

El estado en su función de garante de derechos, y nuestra lucha como sostén, como bandera, como pañuelo que nos abraza y nos confirma que nuestros cuerpos se organizan, gritan, desean y no se callan más!

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