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Día Maestres

Pensar el “Día del Maestro” en medio de una pandemia duplica la cantidad de controversias que despierta esta fecha. Rigurosamente, el día se dedica al recordatorio del fallecimiento de Domingo Faustino Sarmiento, ex presidente de la república y considerado el “Padre del Aula”. Ha sido el promotor de la educación pública y puso como premisa aquello de “homogeneizar a la población”, sin olvidar sus deseos de desaparecer a los habitantes originarios de nuestras tierras y a que desde el inicio definió su preferencia por profesiones ajenas a nuestra nación. En fin, dejaremos por un ratito el prontuario de Sarmiento, pero sí tomaremos el legado que determinó la mirada patriarcal sobre la escuela y sobre el rol de la docencia.

La docencia es una profesión con gran porcentaje de mujeres ejerciendo sus tareas, sin embargo, el imaginario sigue reavivando la figura del Día del Maestro. Si conversáramos con trabajadorxs acerca de sus principales motivos para la elección de su carrera, encontraríamos diversas situaciones. Un tiempo atrás, era muy común saber de mujeres que se dedicaban a la docencia como un tiempo fuera de la casa para entretenerse además de sus obligaciones hogareñas. No como un trabajo bien remunerado y valorado, con posibilidad de desarrollo individual, sino como un mandato estipulado de algunos maridos bien acomodados.

En una época el  magisterio era una carrera casi obligada para las mujeres y a la cual se accedía con un paso posterior muy breve a la educación secundaria. Las mujeres eran consideradas “segundas madres” y su función se asociaba a lo asistencial y de cuidado. Por esta razón, no era bien visto a hombres en estas tareas aunque, contrariamente, sí asumían cargos de dirección. Siendo una de las primeras profesiones que se habilitó para el trabajo de mujeres, hubo que ingeniárselas para combinar las tareas propias del hogar con los tiempos de trabajo.

La docencia siempre requirió horas de trabajo en el aula y fuera de ella, para planificar, revisar y diseñar las prácticas. Cuestiones que no siempre se dan en el caso de los hombres, que desempeñan sus tareas laborales y luego dentro del hogar, no tienen un rol activo sino que es la mujer quien desarrolla las tareas de cuidado y asistencia familiar.

Imaginemos este cuadro en época de pandemia. La escuela se traslada a las casas, las casas se llenan de presencias infinitas, las demandas administrativas se expanden, las preocupaciones por concretar las propuestas pedagógicas se potencian, los horarios se desdibujan, los cuidados se multiplican, las necesidades se exponen a través de pantallas y mensajes virtuales. Y allí una vez más el rol docente toma una nueva característica y reinventa su forma de dar clases. Pero junto con eso, las exigencias también se reinventaron. Entonces maestrxs pasan sus días entre planificaciones, reuniones, encuentros, llamados, tecnologías, atención a familias y niñes de su comunidad escolar y, en muchos casos, la atención a sus propias familias. Resulta habitual conversar con compañeras que describen las situaciones de estar con sus hijes en sus casas, resolviendo sus momentos de descanso, juego, alimentación, higiene y acompañamiento, mientras que en paralelo corrigen, evalúan, graban videos, editan fotos y pdf, buscan solucionar trámites para que las familias resuelvan diferentes problemáticas, juntan dinero y donaciones para asistir lo que desde el Ministerio de Educación no se resuelve en las entregas de alimentos quincenales, a las que también asisten docentes y directivxs para encontrarse con la comunidad y seguir relevando sus necesidades.

Si bien el trabajo a distancia, puede tener algunos supuestos beneficios organizativos, en una sociedad de estructura patriarcal, esos beneficios se desvanecen. Seguimos siendo mujeres quienes nos formamos y transformamos nuestras posibilidades para cumplir con todas las exigencias laborales, sociales y culturales.

En toda esta realidad la ESI juega un papel fundamental: venimos hace más de 10 años demostrando la importancia de una perspectiva de géneros en la educación, para quienes enseñamos y aprendemos, para quienes trabajamos y quienes acompañamos a nuestrxs hijxs en sus trayectorias escolares. Aunque muchos aspectos se van desandando, es indudable que la presión sigue recayendo sobre las mujeres en los cuidados de asistencia del hogar, aún con trabajos por fuera del ámbito familiar. La encrucijada es entonces una feminización del trabajo docente frente a una feminización de las tareas del hogar. ¿Cómo compaginar las situaciones? Cómo además superar las situaciones de conectividad que perjudican el intercambio real entre familias  y escuela? ¿Cómo ingresa entonces la ESI en las casas en tiempos de aislamiento?

Definitivamente la realidad cambió, las necesidades y la desprotección aumentaron, ¿y la ESI acrecentó su implementación en este contexto virtual? La vida laboral y del hogar se entrecruzaron para responder a las demandas y con la ESI ocurre igual. Tenemos algunas distancias físicas que nos dificultan acompañar. Sin embargo, maestres de toda la ciudad venimos diseñando materiales y estrategias que nos han unido con las familias. Hay quizás un tiempo diferente para conversar en los llamados y correos, un interés más genuino por saber cómo colaborar con las tareas de sus niñes, con qué herramientas facilitar sus tareas. Y nuevamente podemos decir que son las mujeres las que toman esa posta, son la mayoría de quienes atienden los teléfonos, de quienes nos escriben los mails, los mensajes, las que cuentan que no saben cómo hacer para que sus hijes no se aburran, o que cuentan de sus rebeldías para hacer la tarea, o cuentan de sus sensaciones y emociones.  Son mujeres, las que hoy cuentan cómo sus niñes extrañan el juego en el patio, cómo extrañan visitar a sus parientes, o encontrarse en la plaza con amigues. Son mujeres las que también dicen “seño, no doy más todo el día con ellxs en casa”, porque muchas están solas cumpliendo el rol materno, muchas tienen sus obligaciones de trabajo para resolver a distancia y se quedan de madrugada completando lo que la escuela envía, muchas no lograr retomar su actividad laboral y las preocupaciones les invaden sin poder destinar su mirada a otras cuestiones, muchas han atravesado pérdidas familiares por el covid o se deben mantener en aislamiento y aún así están pendientes de los cuadernillos y entregas de sus niñes.

Es que la ESI en este contexto invade y traspasa, y  la necesitamos en todas nuestras intervenciones, sosteniendo infancias, habilitando la palabra de todes quienes forman la comunidad educativa para transmitir sus ideas y necesidades. Porque aprender y enseñar inevitablemente es de la mano de la ESI, para construir saberes significativos, para tejer redes que nos contengan entre familias y escuela, para denunciar lo que no está bien y reclamar por los derechos de les niñes, para cuidarnos y conocernos, para sentir y pensar, para siempre poder transformar la realidad, sabiéndonos comprometides, arriesgando, inventando, empoderando siempre nuestro rol maestre.

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1 comentario en “Día Maestres”

  1. Avatar

    Cuánta realidad en esta nota! Me quedo pensando en mi rol como docente y mi necesidad de ESI como mujer, como mujer docente y como mujer madre de otra mujer. Gracias Mariela por tus palabras que me invitan a seguir progresando en mi proceso de deconstrucción!!!!

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